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«CONSERVATION REFUGEES». ECOLOGISMO Y ECO FASCISMO

3 septiembre, 2019

Conservation Refugees. The Hundred-Year Conflict between Global Conservation and Native Peoples («Desplazados por la conservación. El conflicto centenario entre el ecologismo global y los pueblos indígenas») es una minuciosa investigación periodística de Mark Dowie que debe estar en lo mejor que ha publicado el periodismo ambiental hasta el momento.

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La Pampa, un territorio amazónico devastado por la minería ilegal del oro. Foto: Rodrigo Abd.

Conservation Refugees: la conservación de la naturaleza en su sentido moral

Si en algo coinciden ecologistas radicales y neoliberales extremos es en que la conservación de la naturaleza se opone tajantemente al desarrollo económico. 

Hablamos de una ideología –la conservación– creada junto con los parques nacionales, hoy emblemáticos, de Yosemite y Yellowstone en los Estados Unidos. Una ideología que luego fue exportada a Canadá y Europa, y hacia Asia, África y América Latina con el colonialismo comercial británico y estadounidense.

En su libro Conservation Refugees The Hundred-Year Conflict between Global Conservation and Native Peoples (The MIT Press) el periodista Mark Dowie explica cuáles fueron los pilares ideológicos de lo que hoy entendemos por la preservación de áreas silvestres. Se trata de un arroz con mango que pasa por el ecologismo, el espiritualismo, el naturalismo, la misantropía y el romanticismo, forjado cuando la cara más horrenda de la expansión económica del siglo XIX amenazaba con destruir santuarios naturales en los Estados Unidos.

Los refugiados de la conservación
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La idea original del padrino de la conservación, John Muir, era proteger áreas salvajes prístinas, (se pensaba en la época, no tocadas aún por el hombre) de cualquier intervención humana. De esta manera se creó el instrumento fundamental del ambientalismo contemporáneo: el parque natural, en teoría, un área destinada exclusivamente a la protección de las especies naturales, sin poblaciones humanas ni actividades económicas que aprovechen los recursos de aquellos vastos territorios.

Pronto  la ideología y su aplicación se exportaron hacia el resto del mundo,   y aunque tardaría todavía algunos años en llegar a América del Sur,  ya desde su concepción ambas ignoraron un dato fundamental de la realidad: que los parques nacionales eran y son el hogar tanto de miles de etnias nativas como de poblaciones (no necesariamente autóctonas) de pescadores, leñadores, mineros o cazadores, que se habían asentado en aquellas tierras muchísimo antes de la imposición de políticas ambientalistas.  Cientos y miles de derechos sobre el uso del suelo que precedían a las políticas de conservación de la naturaleza fueron desconocidos por las políticas ambientales y, como resultado: cientos y miles de personas fueron y son aun, convertidos en «Refugiados de la conservación». 

Ambientalismo y eco fascismo

El término «conservación» no es baladí en modo alguno. Una parte de los científicos naturales han sido y son precisamente eso: conservadores en el más amplio sentido moral del término. Algunos, incluso, han sido catalogados como «eco-fascistas». Es el caso del biólogo John Terborgh, educado en la universidad de Harvard, profesor del departamento de ciencias ambientales en la universidad de Duke y director del Center for Tropical Conservation.

Terborgh pasa la tercera parte de su tiempo en el Parque Nacional del Manu, en el Perú, y tiene allí uno de sus sueños. Dice Dowie sobre Terborgh (la traducción es mía):

Allí, él está enamorado, completo, feliz. Sueña con vastos territorios salvajes libres de las alteraciones humanas, extinciones en masa o climas caóticos innecesarios, un mundo prístino bullendo de fecundidad, donde la evolución no–humana procede a su propio ritmo, donde las especies crecen en vez de hundirse en número, y los signos de una biota saludable son todos vitales

¿Cuál sería el problema con esto?, se pregunta Dowie. Muy simple. Que el Parque Nacional del Manu, antes que fuera declarado tal, era, y es aún, el hogar del pueblo matsigenka.

El territorio de esta etnia amazónica no forma parte de su ecuación. La naturaleza, para Terborgh es esta «red de interacciones que involucran a plantas y animales en diferentes combinaciones y en diferentes relaciones». ¿Sólo plantas y animales?  

«Los humanos no son parte de esta red», afirma Dowie. «De hecho, son perversamente hostiles a la naturaleza». La comprensión que Terborgh tiene de la «naturaleza», por supuesto, contradice la manera como los pueblos indígenas se aproximan y comprenden su entorno, es decir, entra en conflicto con «casi todas las cosmologías indígenas que Terborgh asegura respetar»

¿Y qué pasa con los matsigenka? Para Terborgh, la presencia de esta etnia dentro del Parque Nacional del Manu es un obstáculo a  las actividades y  los fines conservacionistas del área natural protegida. Cuestiona que a medida que la población matsigenka crece, y usa escopetas o motosierras, la biodiversidad del Manu se pone en riesgo. Para él, el Manu ha pasado de ser un Parque Nacional, donde todas las actividades económicas están prohibidas, a una reserva indígena, y la solución que propone a este dilema es que las etnias, que ya mantienen contacto con el mundo occidental, se «reubiquen voluntariamente» en lugares donde puedan tener acceso a educación para sus hijos y puedan participar de la economía monetizada. En suma, que la etnia matsingenka al interior del Parque Nacional del Manu, pasen a ser desplazados de sus territorios ancestrales.

No es sólo que los matsigenkas salgan de la tierra en la que han vivido sus ancestros desde hace miles de años. Es que para biólogos como Terborgh «es necesaria la creación de una fuerza armada internacional que defienda áreas prístinas como el Manu de cualquier peligro antrópico».

Big International NGO: BINGO por la conservación del medio ambiente

Conservation Refugees también es una extensa y crítica descripción etnográfica de la cultura organizacional y los cabildeos que las BINGO (las Big International NGOs, grandes ONG internacionales, por sus siglas en inglés) vinculadas al medio ambiente: WWF (World Wildlife Fund), CI (Conservation International), TNC (The Nature Conservancy) y WCS (Wildlife Conservation Society), ejercen en Washington para captar fondos de fundaciones diversas y de instituciones como la ONU, principalmente, y con ellos crear y gestionar nuevas áreas naturales protegidas por el mundo . 

Se trata, dice Dowie, de instituciones que durante los últimos años han venido adoptando la ‘cultura corporativa’ de compañías trasnacionales petroleras y mineras como Shell, Río Tinto, Mobil o Exxon (de las que, paradójicamente, reciben fondos multimillonarios), organizaciones que en el papel, claman respetar y promover los derechos de los pueblos indígenas pero, en la práctica, promueven políticas conservacionistas por el mundo que son responsables de la generación –cita Dowie fuentes diversas– de decenas de millones de refugiados en por el mundo.

Los movimientos indígenas en los últimos años han sindicado a las BINGO como una de las amenazas a sus modos de vida. Dowie y antropólogos como Marc Chapin (Chapin tiene un texto ya célebre, con el que se dio origen a todo este debate: A Challenge to Conservationists) hicieron eco a este reclamo. 

Y a riesgo de perder los fondos multimillonarios que reciben de fundaciones como «The Gordon and Betty Moore Foundation, o la Fundación McArthur, así como de instituciones vinculadas a la ONU, como el GEF (Global Environmental Facility, por sus siglas en inglés), estas organizaciones debieron cambiar sus políticas internas, respecto de los pueblos indígenas. 

Dowie sostiene, sin embargo, que el cambio de paradigma en el modelo del área natural protegida ha quedado en el papel,  como una mera  declaración de principios.

Vale concluir con una de las frases del libro, y luego con otra, de Chico Mendes, a lo mejor el primero de los mártires entre los defensores de la selva amazónica, o al menos, uno de los más influyentes a nivel mundial.

«Nunca nadie vio a alguna de estas ONG oponiéndose tajantemente a que pueblos indígenas (u otros colectivos) sean empujados fuera de sus tierras».

world wildlife fund, conservation international, wildlife conservation society y su rol en el desplazamiento forzoso de poblaciones indígenas y autóctonas de sus territorios en parques naturales y nacionales